(Diario de Ibiza, # de julio de 2004)
Parece que las españas casposas y carpetovetónicas
andan un poco sorprendidas por el juego que da esta nueva pieza - digo
pieza en el mejor de los sentidos - en el tablero político nacional.
Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) juega fuerte. Y lo hace bien.
En el metro, en el autobús, en las fachadas y en las banderolas
que vemos en las calles, Barcelona está literalmente empapelada
con un rostro que para muchos es nuevo, pero que ya se nos ha hecho familiar.
Y es que el hombre no para. Porque no le dejan parar y porque él
- como cabía esperar en quien tiene tablas y fondo - aguanta el
tirón. Sin descomponer la figura. Con sorprendente naturalidad.
Codeándose con los dinosaurios de la política en mesas redondas,
conferencias, entrevistas y debates, Bernat Joan dice lo que quiere decir.
Sin circunloquios. Y como corresponde - cosa que no hacen otros -, habla
de Europa, de nuestros intereses en Europa, de un proyecto concreto para
Europa.
Incluso en las distancias cortas - en esos peligrosos primeros planos
de la televisión que son como puñaladas - su imagen resulta
sorprendentemente eficaz. Al principio podemos verle como el personaje
pacífico, bonachón y de socrático talante que transmite
su físico, pero enseguida nos despierta por lo que dice y por cómo
lo dice. Nos convence por su seguridad, por su saber estar y por la lógica
de sus argumentos. He oído no pocos comentarios sobre sus intervenciones
y es del todo evidente que el personal ha descubierto en él un
nuevo estilo que no es el de los políticos al uso. En los últimos
días, hemos podido seguir sus innumerables apariciones en la pequeña
pantalla y, a pesar de que muchas preguntas que le han hecho han tratado
de encajonarle, descolocarle y ver lo que daba de sí, finalmente
entrevistadores y espectadores han tenido que convencerse de que tenían
delante, por así decirlo, un peso pesado. Bernat Joan sabe escuchar
y sabe responder. Respeta y consigue respeto. Y el personal valora, creo
yo, no ver en él esos tics políticos que tanto nos aburren:
improvisación, regates, salidas por la tangente, ataques personales
y divagaciones. Bernat Joan es claro, escueto y contundente. Y tiene un
punto de sabía ironía que, sin herir, invita a la reflexión.
Al margen de los resultados obtenidos en los comicios, es evidente que
pisa fuerte, que sabe mucho y que sabe trasmitir lo que sabe.
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